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01 julio 2021

Cinderella - Night Songs


Para la segunda mitad de la década de 1980, el glam metal se establecía como uno de los subgéneros musicales del heavy metal más vendedores y populares, sobre todo en los Estados Unidos. La meca de este movimiento estaba en Los Ángeles, pero existía una banda que desde la otra costa estadounidense buscó la fama y la consiguió, hablo de Cinderella. En 1986 y apadrinados por Jon Bon Jovi, el conjunto oriundo de Filadelfia debutó con Night Songs. El disco no es una propuesta nueva en ningún aspecto, con el solo hecho de ver su portada te darás cuenta de que sigue el mismo cliché de las demás agrupaciones de glam metal: el spándex, el cabello voluminoso, la ropa colorida. Pero eso no quita que sea un álbum digno de escuchar.

El sonido de Night Songs sigue el mismo patrón de cualquier disco metalero estadounidense de los ochenta, un ir y venir de riffs y power chords, acompañado de una voz rasposa. Tom Keifer, al ser el único compositor y de fungir como vocalista y guitarrista, es el alma de Cinderella. Su voz nos puede recordar a Brian Johnson o Kevin DuBrow, pero a diferencia de los otros cantantes de glam metal que salieron en la segunda parte de los ochenta, le aplaudo porque este tipo sí que tiene un vozarrón. Las canciones entrelazan hard rock con heavy metal; la única más parecida a la rapidez de este último es «Hell on Wheels». Las demás suenan más genéricas, aunque destaco que abrir con «Night Songs» fue una propuesta interesante, porque es la que tiene el tempo más lento. Además, no podía faltar la querida power ballad en este caso «Nobody's Fool», el tema más exitoso de este disco. En términos generales no es un gran debut, pero dentro de toda la escena glam de esa década, sí es un buen disco y me arriesgo a decir que es uno de los diez mejores de ese respetado y no tan respetado subgénero del metal

*Recomendadas: «Shake Me», «Nobody's Fool», «Hell on Wheels», «Somebody Save Me»

29 junio 2021

Racer X - Second Heat


Hacer un segundo disco que supere en calidad al debut es fácil, pero lograr eso teniendo en cuenta que tu primer álbum es buenísimo es una proeza que solo algunos pueden lograr. En este caso, Second Heat (1987) de Racer X es una versión 2.0 de Street Lethal.  Acá se suma un segundo guitarrista, Bruce Bouillet, quien no solo tiene que cubrir la labor de rítmico sino que además debe ir a la par con Paul Gilbert. Su elección no fue un asunto del azar, Bouillet era alumno de Gilbert; que tu profesor te invite a su banda debió haber sido un golpe potente de adrenalina para él. La otra cara nueva es Scott Travis, un batería virtuoso que coincide a la perfección con la banda. 

Con una mezcla de heavy metal, speed metal y metal neoclásico, en esta ocasión Gilbert y compañía sorprenden con un disco potente, estruendoso, rápido y metalero. Los instrumentos suenan claros porque la impecable producción realizada por Steve Fontano y Mike Varney permite que todos ellos destaquen. El trabajo en las guitarras de Gilbert y Bouillet es perfecto -muy al estilo de Downing y Tipton de Judas Priest- aunque entre ellos dos Gilbert lleva la delantera. La base rítmica de Juan Alderete y Travis lo mismo, suenan genial, mientras que Jeff Martin está en lo suyo. Destaco las versiones de «Heart of a Lion» de Judas Priest y «Moonage Daydream» de David Bowie, pero esta última se gana los aplausos de pie porque es una transformación total del clásico de Ziggy Stardust. No obstante, la medalla de oro se la lleva la instrumental «Scarified», una complejidad como ninguna. Si Paul Gilbert y compañía te sorprendieron con su debut, no dudes un segundo en darle una o más escuchas a este disco, porque considerándolo de algún modo, Second Heat es el Terminator 2 de Racer X. 

*Recomendadas: «Scarified», «Sunlit Nights», «Heart of a Lion», «Moonage Daydream».

22 junio 2021

Princess of the Dawn: cuando menos es más


Al igual que las demás bandas alemanas de la década de 1970 alejadas del krautrock, Accept tuvo que pasar por un camino lodoso antes de entrar a la carretera pavimentada. Después de tres producciones, su primer gran disco fue Restless and Wild de 1982, que nos dejó buenas joyas del heavy metal tradicional como por ejemplo «Fast as a Shark» y «Restless and Wild». Pero dentro de esas diez pistas que lo componen hay una que siempre admiré por lo sencilla que era: «Princess of the Dawn». 

Posee uno de los riffs de guitarra más efectivos y simples escritos por la banda, y una letra que nos puede trasladar al mundo de El Señor de los Anillos o de cualquier libro de fantasía épica. La batería y el bajo hacen un excelente acompañamiento y la voz de Udo Dirkschneider, a diferencia de las otras canciones, es suave y calmada. Pero lo que más rescato es el correcto trabajo en las guitarras por parte de Wolf Hoffmann, quien grabó todas incluso esa guitarra española que aparece de la nada por ahí. Casi al borde de una composición de música clásica, Hoffmann se luce en la parte intermedia de la canción. Conocidos mayormente como uno de los precursores del speed metal, Accept en esta ocasión se relaja y ejemplifica el concepto de menos es más. 

Depeche Mode - A Broken Frame