No obstante, la que recordaba poseía batería y un bajo eléctrico, y esta tenía solo una guitarra acústica y un teclado. Ahí fue cuando descubrí que la que escuché al principio era la segunda de cuatro versiones: uno, dos, remix y long remix. Independiente de la versión, «A Strange Kind of Love» es una obra maestra con un toque sombrío, hermoso y romántico. Para alguien acostumbrado al registro de los tenores, al falsete y a las notas agudas, una voz barítono como la de Murphy me dejó ¡plop! como diría Condorito. La instrumentación acompañada de una letra poética y bien escrita, genera un ambiente relajado, delicado y conmovedor. Aunque la versión uno sea más íntima, para mí la versión dos es la mejor, porque como dice la propia canción: «es un extraño tipo de amor».
04 julio 2021
A Strange Kind of Love: por años la querida anónima
03 julio 2021
Flesh for Fantasy: excelente combinación
Billy Idol en la década de 1980 puso en los oídos de la gente varias canciones que han perdurado en el tiempo. Muchas de ellas se han convertido en himnos de esa emblemática y diversificada escena musical que, a pesar de que ha envejecido, no piensa morir. Hoy voy a destacar a una de mis favoritas de este artista británico y no se trata de las más populares como «White Wedding» o «Eyes Without a Face», sino de «Flesh for Fantasy», el tercer sencillo de su álbum Rebel Yell de 1983.
Escrita por Billy Idol y su compañero de andanzas de toda la vida Steve Stevens, es una mezcla de new wave y rock que resulta ser una pieza con un ritmo bailable, sensual y a ratos agresivo. Casi al borde de un dance rock, la guitarra de Stevens se luce y marca el punto de atención durante los versos y el estribillo, ya sea en su estado más relajada como distorsionada. El gancho se lo lleva ese ¡Flesh! del coro, que te invita a levantar el puño con ganas. Idol siempre ha tenido esa capacidad de cantar en ocasiones suave, burlón y sensual, y luego pasar a una voz gruñona, la mejor analogía a los dos estilos musicales de esta canción. Destacable son los sintetizadores porque añaden ese toque especial ochentero, apareciendo con distintos sonidos en el momento preciso para dar un mayor énfasis. Su letra deja de ser una insinuación cuando figura una frase como «cara a cara/espalda a espalda/tu ves y sientes/mi ataque sexual»; sin caer en la vulgaridad, más directo no se puede ser.
26 junio 2021
Desiertos: una excelente entrada
La primera, editada en 1990, está ligada al synth pop al cien por cien. Y es que se nota la intervención impecable de Rodrigo Aboitiz, quien fuera miembro fundador de Aparato Raro -un referente de este estilo en Chile- porque los teclados y el sintetizador lo son todo. Esta versión me recuerda mucho a los alemanes Camouflage y me atrevo a decir que si Alan Wilder le hubiese metido mano, estaría perfectamente en el disco Music for the Masses de Depeche Mode. Por su parte, la nueva versión grabada para su segundo disco Doble opuesto de 1991, es más cercana al new wave porque no es tan sintetizada como la anterior, aunque el sintetizador sigue ahí. En esta ocasión, la batería y el bajo suenan más natural, la guitarra de Andrés Bobe tiene más protagonismo, mientras que la voz de Beto Cuevas no es para nada diferente, es prácticamente la misma.
Independiente de cual de las dos sea tu favorita, «Desiertos» es una excelente entrada y un claro ejemplo de los primeros discos de La Ley, antes que alcanzaran el éxito internacional con Invisible.
22 junio 2021
Princess of the Dawn: cuando menos es más
Al igual que las demás bandas alemanas de la década de 1970 alejadas del krautrock, Accept tuvo que pasar por un camino lodoso antes de entrar a la carretera pavimentada. Después de tres producciones, su primer gran disco fue Restless and Wild de 1982, que nos dejó buenas joyas del heavy metal tradicional como por ejemplo «Fast as a Shark» y «Restless and Wild». Pero dentro de esas diez pistas que lo componen hay una que siempre admiré por lo sencilla que era: «Princess of the Dawn».
Posee uno de los riffs de guitarra más efectivos y simples escritos por la banda, y una letra que nos puede trasladar al mundo de El Señor de los Anillos o de cualquier libro de fantasía épica. La batería y el bajo hacen un excelente acompañamiento y la voz de Udo Dirkschneider, a diferencia de las otras canciones, es suave y calmada. Pero lo que más rescato es el correcto trabajo en las guitarras por parte de Wolf Hoffmann, quien grabó todas incluso esa guitarra española que aparece de la nada por ahí. Casi al borde de una composición de música clásica, Hoffmann se luce en la parte intermedia de la canción. Conocidos mayormente como uno de los precursores del speed metal, Accept en esta ocasión se relaja y ejemplifica el concepto de menos es más.
21 junio 2021
Rock Lobster: singularidad absoluta
Una de las tantas canciones que nos dio el new wave fue «Rock Lobster» de B-52's, pero a diferencia de las demás tiene un sonido bien particular. No lo digo de manera despectiva, sino más bien como una afirmación porque es así tal cual, un tema que con el paso de los años nada se le ha podido igualar. Publicado como parte de su álbum debut, «Rock Lobster» catapultó a la banda y los posicionó como un referente de esa, por aquel entonces, nueva corriente musical popular.
Aunque la crítica especializada ha tratado de clasificarla en los subgéneros new wave y dance-rock, «Rock Lobster» es una composición única y todos sus elementos son especiales. Tenemos un sintetizador tocando la línea de bajo, una guitarra que nos recuerda el surf rock, una batería rítmica y bailable, a Fred Schneider entregándonos su ya clásico sprechgesang, a Cindy Wilson y Kate Pierson dándonos unos sonidos extraños pero divertidos, para que hablar de la letra, un sin sentido como ninguna otra. Sin embargo, en suma todos ellos hacen que tenga una singularidad absoluta y sea contagiosa y memorable.
15 junio 2021
Es por amor: sencillamente efectiva
En mis primeros años como oyente consciente de la música, el rock en español tenía su espacio en mis oídos. Las bandas de Chile y Argentina se peleaban amistosamente su espacio en mi corazón, como también lo hacían en las radios en la década de los noventa en este lado del continente sudamericano. Una de las canciones que retumbó mi cerebro por esos tiempos infantiles fue «Es por amor» del grupo GIT. Llevaba varios años desde que había salido al mercado, pero acá seguía siendo un éxito y sus constantes reproducciones en las caseteras y las cadenas radiales se habían convertido en una obligación.
14 junio 2021
Baby Strange: otra más de Marc Bolan
Con un «one and a two and a balayabalayabubuye», Marc Bolan da inicio a una de las canciones poco recordadas de The Slider. La primera vez que escuché «Baby Strange» quedó en mi mente por días y días. Es que Bolan siempre tuvo esa peculiaridad de hacer que todas sus composiciones te dejen un gusto bastante dulce y te obligue a escucharla una y otra vez hasta el cansancio, aunque en verdad esta no cansa en lo absoluto. Si la escuchas ahora en el siglo XXI te darás cuenta que fue, en cierto modo, el prototipo del estilo y sonido de la guitarra y la batería de AC/DC. Sin ser un boogie rock, es contagiosa y los arreglos de metales de viento en el coro le dan un toque especial y tal vez sirvieron como un blueprint para lo que fue más tarde el disco Tanx.
Es lamentable que esta canción no haya sido editada como sencillo, como fanático de T. Rex me doy el gusto de decir que le tengo más cariño a «Baby Strange» que a «Ballrooms of Mars», «Metal Guru» y «Telegram Sam», otros de los doce temazos de The Slider. Pero es que debo ser honesto, su ritmo es tan alegre y bailable que le levantaría el ánimo a un depresivo, siempre y cuando este valore la particular voz y calidad compositiva del padre del glam rock.
13 junio 2021
Edge of Seventeen: la firma de Stevie Nicks
Comercialmente no fue un gran éxito, no llegó a entrar en el top diez de la revista estadounidense Billboard, se quedó solo con el puesto 11, ni tampoco lo fue en las listas musicales de otros países si lo comparamos con «Stop Draggin' My Heart Around» y «Leather and Lace» del mismo disco. Pero independiente de ello, posicionar canciones en la mente colectiva, sobre todo cuando son escritas por mujeres -la deuda de la industria con ellas aún persiste- es un lujo. Pero sus composiciones no eran desconocidas para ese entonces, recuerda que «Rhiannon» y «Dreams» de Fleetwood Mac las escribió esta pequeña bruja blanca. En ocasiones poder salir de la sombra de una banda exitosa es difícil, muchos músicos no lo logran, pero hay otros que sí y crean una sombra paralela como en este caso.
12 junio 2021
Johnny B Goode: El himno del rock and roll
No es precisamente la primera canción de rock and roll de la historia ni tampoco la primera del cantante y guitarrista Chuck Berry, pero indudablemente «Johnny B. Goode» se convirtió en el himno de este popular género musical y en una de las canciones más reconocidas de la música popular. Su reconocible introducción de guitarra, copiada del tema de 1946 «Ain't That Just Like a Woman (They'll Do It Every Time)» de Louis Jordan -a quien Berry admiraba- te invita a rocanrolear incluso antes de que el primer golpe de la batería estalle. Desde allí la fiesta no para, son menos de tres minutos de meneo y maestría en la guitarra por parte del primer guitar hero de la historia, sin menospreciar a los anteriores por supuesto, pero seamos honestos, Berry era un monstruo con la guitarra. Con una letra autobiográfica, «Johnny B. Goode» se convirtió en el primer ladrillo real de lo que sería más tarde el palacio llamado rock, inclusive por sobre «Crazy Man, Crazy» y «Rock Around the Clock» de Bill Haley and his Comets grabadas en 1953 y 1954 respectivamente, las cuales son parte de la base de los cimientos de este precioso palacio.







